domingo, 21 de diciembre de 2008

Intangible.

Ayer tuve una ilusión. Una ilusión tenue pero que poco a poco conseguía ganar terreno en mi mente. En esa ilusión me sumergía en un sueño, y en ese sueño me sumergía en un mar. Pero no, no podía ser yo la sumergida, o quizás si... Yo sé nadar, ¿por que no salgo a flote? ¿Qué le ocurre a mis piernas? ¿Qué les pasa a mis brazos? ¿Pór que no se mueven? ¿Qué puede estar ocupando mi mente para abandonar mi vida de esa manera en manos de este inmenso mar?
A las dos horas, mi madre intentaría despertarme, pero no lo consiguió. Durante ese sueño, mi mente fue capaz de recrear en mi cuerpo la sensación de asfixia que se sucedían en mi delirio. Mis capilares pulmonares estallaron en mil pedazos por una orden directa de mi subconciente. Mis sacos aerolares gritaban por un auxilio mientras desfallecían en la sensación de ahogo que los consumía sin remedio alguno.
Dejé de respirar.
Dejé de vivir.
Sin signo externo de sufrimiento.
Sin ninguna evidencia del desastre acontecido en mi cuerpo que se ahogó en su propia sangre, que consiguió hacer realidad un "sueño".

No hay comentarios:

Publicar un comentario